A 9 DIAS
Creo que entramos en esos días.
¡Sí! De aquellos donde todos contamos
las lunas que faltan para que el año se termine… tan sólo 9 días para decirle adiós al 2011.
Veo en las redes sociales los comentarios de agradecimientos, peticiones, desesperaciones
y en algunos casos de maldiciones de lo sucedido en este tiempo.
Y como no podía quedarme atrás, tengo
que decir que personalmente el 2011 ha sido un año infinitamente extraordinario,
bueno todavía lo es porque a la fecha, no se va. Un 2011 realmente impactante:
me puso de cabeza, me sacudió fuertísimo, me volteó de nuevo, subí y bajé, me
divertí, me desesperé, me atreví, me acobardé, contemplé, busqué y encontré… todo
un complot sentimental.
¿Podría definir el 2011 en una
sola palabra? Pues sí. MAESTRO. La
palabra maestro viene del latín magister derivado
de magis = más.
Podría dividir a ojos cerrados el
2011 en dos partes transcendentales y no necesariamente en partes iguales.
Marcaría mi calendario en 5 y 7 adecuadamente, de los 12.
La primera parte, no muy buena. Mejor
dicho absolutamente para nada buena. Desubicada, confundida, desconfiada, desesperada…
en fin adjetivos nada positivos. Y a pesar de todos esos sentimientos
totalmente pesimistas, aún confiaba en mi
decisión. Me repetía mil y una vez que lo que había decidido era lo mejor,
es más, no lo mejor sino que así tenía que ser.
La segunda parte, más que buena.
Positiva. Impecable. Asimilando, aceptando, sonriendo. Me encanta viajar, así
que decidí hacerlo. Me fui a la playa, Puerto Vallarta - México. Viajé con mis
padres. Fue el primer viaje que hice con ellos fuera de mi país y la verdad nos
la pasamos muy bien, de maravilla.
Con ese viaje empecé mi
definitivo cambio, madurar. Regresé como nueva. Con planes, con otros aires. Rescaté
lo rescatable, lo que olvidé tenía. Y entendí que las personas y las cosas
importantes las tenía frente mío. Que, al pensar y al concentrarme sólo en mi decisión, había apartado y
descuidado.
Recuerdo con mucha ilusión,
cuando una persona cercana me dijo un día, cuando le contaba mis planes a
futuro: “Antes de hacer cualquier cosa,
solo tómate un minuto de tu tiempo y pide al Señor que en tu camino coloque a
las personas correctas, a las personas adecuadas.” Pensé que me iba a decir cualquier cosa menos
eso, y cuando lo escuché, entendí al instante que estaba en lo cierto. Que era
el comentario más acertado que podía haber escuchado en esa mañana. Así que
deje de hacer lo que estaba haciendo y cerré mis ojos, con mucha fuerza empecé
a decir cada una de esas palabras y más, con toda la fe que hasta entonces, me faltaba.
Ese punto fue lo que me marcó. Ese
punto fue lo que hizo que yo volteara definitivamente la página. Y sí,
efectivamente la segunda parte estuvo llena de muchas sorpresas y más aún de
entendimiento.
Entendí que todo no está bajo mi
control, que nadie cambia si no lo desea, que todo pasa sea lo que sea, pasa.
Así como dicen las abuelitas y las madres. Entendí que a veces soltar, es
ganar. Y no me refiero a ganar como sinónimo de vencer o dominar. Entendí que los
cambios radicales traen tarde o temprano, una gran felicidad.
Aprendí a dar gracias por las
noches. A levantarme con una sonrisa y decir “Buenos días Dios, hoy es un gran día. ¡Vámonos!”
Me cambiaron la vida mis amigos,
mi familia, mi música, mi profesión. Estoy rodeada de personas que todos los
días me impresionan y me reconfortan. Estoy fascinada de las sorpresas que me
han llegado, las oportunidades que nunca pensé que podría siquiera tener. Me
motivan e inspiran las cosas simples de la vida y ahora me atrevo a decir que
soy FELIZ.
Después de esto, si entienden por
qué el 2011 es MAESTRO. Creo que
ahora ya no cabe duda. Gracias por este regalo 2011.
¿Y para ti, como ha sido tu 2011?
Una palabra.


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