FIDELITAS
Bajo el fondo musical de una de mis emisoras favoritas
de radio @rocksour (Perú) llegó a mí una sensación bastante motivadora, impulsiva.
Es más, diría un sentimiento muy atractivo, conmovedor que me roba sonrisas así
tenga muchas ideas alborotadas en mi mente. Que por cierto anda bastante
inquieta últimamente.
Existe un tema de discusión con argumentos
profundos y polémicos de ambos bandos. Según lo que mencionan algunos, se trata
de algún tipo de rechazo epidémico. Como si el que cumpliera con eso, está totalmente
enfermo o fuera de lugar. Visto como marciano ante tanto terrestre erudito.
FIDELITAS, palabra en latín de la versión llamada FIDELIDAD.
FIDELITAS, palabra en latín de la versión llamada FIDELIDAD.
¡Ajá! Palabra muy interesante. Más aún,
intensa. Sí, creo que ese es el adjetivo adecuado, según mi punto de vista.
¿Por qué cuesta tanto adoptarla? ¿Por qué da
tanto dolor de cabeza, peleas y rupturas? “A estás alturas creo que ya nadie
aguanta pulgas”, este es el resultado del común denominador. “A mí no me la
hacen, ni una sola vez”, “Si la hizo una vez, la volverá hacer”. Han escuchado
esas frases de seguro. Perdonar o no perdonar. Hacerse el de la vista gorda
¿ayuda? Creo que no la verdad.
Conversando con personas mayores y con
experiencia, entendí que estas personas son dignas de mi respeto y admiración. Y
yo que solía reprochar e inclusive juzgar, que atrevimiento el mío. Lo tenía
tan claro al decir “no entiendo, tanto problema se hacen si es tan sencillo el
asunto. Terminar y punto”. Tal equivocación la mía. Grandísimo error. Que poca
visión tenía, no me daba cuenta de lo que se trataba en realidad.
Y en dónde estaba la clave del entendimiento.
Pues en mis narices. Algo tan sencillo como la conclusión apresurada a la que
llegué.
LA FIDELIDAD va de la mano con EL COMPROMISO. Así
es. Y me refiero al compromiso como el acto que se tiene hacia la otra persona,
pero sobretodo el que se tiene hacia uno mismo.
Predomina hoy en día el miedo y el pavor del
más profundo, que rápidamente se toma la huida de la puerta número uno. Tanto
miedo tenemos al compromiso hacia nuestras ideas, hacia nuestras creencias,
hacia nuestros valores. El compromiso hacia uno mismo, hacia ti. Acaso ya no
existe. Acaso la sociedad se encargó de eliminarlo y extraerlo por completo de
nuestra mente y nuestro corazón.
Demasiado importa el record personal y los
puntos sumados a nuestro favor por hacer algún desafío que después se pueda
lamentar.
Creo que aquí no se trata de juzgar y señalar
con el dedo. Esa no es la intención. Sólo creo que nos hemos olvidado de
escuchar y aprender de nuestros mayores, que siempre los tratamos en segundo
plano. Que se trata de liberar ese miedo que tanto nos gana, que nos persigue y
nos hace tan chiquitos como para tomar alguna decisión.
Aún con todo este paquete que tengo de pequeña
lucidez, sigo en el proceso no de buscar respuestas o encajar en los bandos.
Sino, en el de aprender a adquirir y aceptar el compromiso que tengo conmigo
misma. ¿Por qué no lo haces tú también?

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