LA TIERRA DE AMAZONAS

Desde hace tiempo tenia muchas ganas de estar fuera de la ciudad, de alejarme del tráfico, del ruido, de la contaminación y de tener un contacto más cercano con lo natural, creo que era lo justo y necesario. Así que esta vez visité la región de Amazonas.

Fue la primera vez por estas tierras y llegué con muchas expectativas a Chachapoyas, el lugar donde empezaban todas las demás rutas que deseaba hacer. Cada día un destino diferente, iniciando desde temprano y regresando hasta después de ocultarse el sol. Y claro, antes de cada viaje, leo los blogs de viajeros para saber qué lugares recomiendan visitar, reviso alojamientos el cual prefiero sea lo más parecido a una casa hospedaje (booking es una muy buena opción) y lo más importante, la comida. Aunque considero que puedo comer de todo y suelo probar la comida regional.


Fue una excelente elección hacer el siguiente itinerario:
Día 1: Chachapoyas y el Mirador Huancas
Día 2: Fotaleza de Kuelap
Día 3: Mausoleos de Revash y Museo de Leymebamba
Día 4: Sarcófagos de Karajía y Caverna de Quiocta
Día 5: Catarata de Gocta

En todos los días se camina mucho y la ruta más larga fue Gocta, así que con esta secuencia uno puede aclimatarse e ir tomando ritmo para los días siguientes.

Chachapoyas no es muy grande, se puede recorrer a pie. Si deseas información turística puedes ir a la oficina de iPeru que está frente a la Plaza Mayor. Aunque la plaza se encontraba en reparación, la estadía fue bastante buena. Visité la Casa de Toribio Rodríguez de Mendoza, Casa de las Dos Rosas, la sala de exhibición Gilberto Tenorio Ruiz, el Mirador Luya Urco y bajando se encuentra el Pozo de Yana Yacu. A la Catedral no pude entrar, cada vez que pasaba por ahí se encontraba cerrada. Luego, para ir al Mirador de Huancas se toma un colectivo por tres soles, son 20 minutos de camino y el ingreso cuesta tres soles más. Desde el mirador tienes una vista impresionante del cañón de Sonche y sí que corre mucho viento, así que vayan bien abrigados.

Chachapoyas desde el mirador Luya Urco

Mirador de Huanchas - Cañón del Sonche

Al día siguiente la ruta fue para la Fortaleza de Kuélap. Primero se debe llegar a Tingo, a unos 45 minutos de Chachapoyas. A partir de allí, se toma las telecabinas por otros 20 minutos más y al fin se llega a Kuélap. Debo confesar que no fue de mi total agrado el recorrido en telecabinas. En teoría son seguras, pero tengo vértigo y la línea por donde se desplaza es muy alto, MUY ALTO y las cabinas son pequeñas, máximo 8 ocupantes y el viaje va lento. En si, la infraestructura es buena, pero el tema fue mío. Solo trataba de concentrarme, pensar que me encontraba en suelo firme y en otras cosas más, así como Peter Pan "en algo feliz". Por lo demás, el paisaje es fabuloso yo solo trataba de no mirar hacia abajo, solo del horizonte hacia arriba. La ida fue mejor que mi regreso. Fueron los 40 minutos más largo que he tenido.

Una vez arriba, empieza el recorrido a Kuélap por al menos dos horas. Sobre los 3,000 m.s.n.m. la ciudadela se encuentra amurallada sobre una plataforma con una extensión de seis hectáreas. El ingreso es por el centro del complejo en el sector norte y la caminata va en dirección sur. Las construcciones son circulares, desde viviendas con coberturas cónicas de procedencia vegetal hasta el Templo Mayor, en el sector sur. Los Chachapoyas utilizaron la piedra como material de construcción unidas con una especia de mortero de arcilla. El ingreso a las viviendas es estrecho, eso hace suponer que fueron de estatura pequeña. En Kuélap solo vivía la gente de estatus superior y los demás se encargaban de abastecerla. El complejo me gustó mucho, creo que siempre va a impresionarme la capacidad de ocupación de nuestros antepasados, de su manejo del territorio, conociéndolo a fondo y conviviendo de una manera ejemplar con la naturaleza.






El tercer día fue para los mausoleos de Revash. A dos horas de Chachapoyas se encuentra San Bartolo, pueblo donde empieza la caminata de una hora aproximadamente hacia los mausoleos. Es increíble donde los Chachapoyas decidieron ubicar a sus muertos, a mitad de los cerros, en una zona protegida por las piedras. Los mausoleos eran construcciones pequeñas similares a las viviendas donde colocaban a sus muertos. Se asume que querían protegerlos de la profanación y por eso los ubicaron en sitios muy poco accesibles. El camino para llegar a los mausoleos es bastante parejo, con escalinatas en piedra y cuando se llega al ingreso, el camino bordea el cerro y está protegido por barandas hechas por la misma comunidad. Antes se podía entrar a los mausoleos, pero el guía comentó que decidieron cerrar el acceso para evitar el daño que hacían los malos turistas. 

En la caminata, se observa las viviendas tradicionales del pueblo hechas de barro y troncos de eucalipto con la técnica llamada "muesca" que es un entrelazado de tronco con barro entre cada uno de ellos. Los materiales son propios de la zona, es la primera vez que escuchaba de este sistema constructivo, me pareció muy interesante y considero que debería mantenerse en el pueblo.






Después de los mausoleos, nos dirigimos al museo de Leymebamba en donde se conservan y exhiben a más de 200 momias que fueron halladas en la laguna de Los Cóndores, juntos a sus ofrendas funerarias.




La diferencia que existe entre con los sarcófagos y los mausoleos, es que estos últimos servían para enterrar masivamente a personas del pueblo mientras que los sarcófagos solo contenían una momia en el interior y se asume que fueron personas de mayor importancia y jerarquía.

Nos dirigimos entonces a los sarcófagos de Karajía. Esta vez, el clima si estuvo bastante peculiar. Cruzpata (2,900 m.s.n.m.) nos recibió con una fuerte lluvia y mucho frío. Desde aquí comienza una caminata de 1 km y a diferencia de Revash, no cuanta con escalinatas de piedra, el camino se tornó de mucho barro y en pendiente. Igual que en otros lugares, se cuenta con caballos para los que no gustan caminar. En Karajía recordé más a la selva y puedo decir que es uno de mis lugares favoritos, pasé mi infancia en la selva y tengo muchos hermosos recuerdos.

Al igual que en Revash, no se puede acceder a la ubicación exacta de los sarcófagos, pero el guía mencionaba que tienen 2.50 m de altura y son siluetas semejantes a los humanos hechas de arcilla con una estructura de caña. En su interior se ubicaba una momia envuelta en tela sentada con los brazos y piernas cruzadas, en posición fetal. Fuera de los sarcófagos se colocaban los signos que describían si la momia era de sexo femenino o masculino.


En esa misma tarde, después de un rico almuerzo, nos dirigimos a la caverna de Quiocta, una hora y media más de viaje. Entre curvas bastante pronunciadas y con un camino de trocha,  llegamos hasta Lámud y caminamos hasta Quiocta siendo aproximadamente las seis de la tarde.

La caverna de Quiocta fue utilizada por los Chachapoyas. Con 600 metros de profundidad, la caminata fue un poco exigida porque fue totalmente oscuro, llena de agua y barro pero es parte de la aventura, así que las recomendaciones son llevar botas altas y linternas (estos equipos te los proporciona el mismo tour). Al caminar se puede observar las distintas formaciones naturales de estalagmitas y estalactitas, diferentes tipo de piedra como el cuarzo, algunos murciélagos y otros restos humanos.



Gocta, la tercera catarata más alta del Perú, con 711 metros en dos caídas y la número 15 del ranking a nivel mundial, se llega partiendo de Cocachimba (es una de las rutas) a una hora y media de Chachapoyas en auto. Creo que esta ruta se puede hacer también por cuenta propia. En mi caso fue a través de un tour, que igual lo recomiendo. En Gocta se camina mucho. Son más de 5 km hacia adentro entre subidas y bajadas, y aunque es temporada seca fue un día de mucha lluvia así que el camino se torna resbaloso y con mucho barro. La recomendación es llevar un impermeable y unas buenas zapatillas, si son altas mejor. Como la caminata es larga (unas 5 horas en total) es preferible ir ligero y cuando se llega a la catarata, la misma brisa y el golpe de la caída te mojará, así que lleva otra muda. En el camino encontrarás escaleras, puentes, orquídeas, neblina, tramos angostos e incluso comentan que el gallito de las rocas pero yo no lo vi. Es un camino verde por todos lados, me sentí como en una película de aventura, era mi aventura. Muy emocionante y muy alentador, un gran reto ir caminando, cada paso cuenta y es un gran esfuerzo considerando la altura. Aquellos que no gusten de caminatas largas y en pendiente, pueden ayudarse con caballos, sin embargo considero que la mejor experiencia es ir caminando.





Mientras caminábamos, un guía comentaba que antes tenían miedo acercarse a la catarata y que incluso él lo hizo de adulto, porque cuenta la leyenda que se encontraba una sirena quien enamoró a un aldeano y se lo llevó. Comentaba también cómo fue la coordinación de la comunidad para realizar el camino hacia Gocta y la cantidad de visitas que llegan al día como las 1,500 personas en temporada alta. Viajeros, cuando lleguen a la catarata es muy importante pero MUY IMPORTANTE... mojarse. No se van arrepentir.

Lo que no me gustó del viaje fue los desmontes y basura que observaba en los caminos. Sigo sin entender que es lo que tiene que pasar para mejorar ese enorme "mal" que tenemos en el país. Y también otro punto importante, es la cantidad de canteras que existen, tal vez por ahora no se vea como un problema pero conforme la ciudad vaya creciendo estas canteras tendrán mayor presencia y por lo tanto, si se descontrola, presentará un impacto negativo en el terreno natural.

Algunos imperdibles en Chachapoyas: El Batán del Tayta, Café Amazonas 632, Mass Burguer, Licores La Reina, panadería San José, el mercado Modelo, Café Fusiones, Mary Pizza,  Palacio del pollo.
En el Mercado, se encuentra el puesto de Anita. Ella vende las cecinas totalmente selladas para viaje y es muy servicial.

Un viaje que voy a recordar por la exigencia que no imaginé y que he disfrutado en cada uno de los días con sus propias peculiaridades. ¡Muy recomendado!

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